Mujeres de Holguín y de nadie

Dicen que las mujeres somos los seres más fuertes del universo, yo digo que las mujeres holguineras somos de las de más dura estirpe, labradas con el esfuerzo y el batallar.

También dicen que las de esta región somos de las más hermosas de la isla, descendientes de Venus que vinimos a colonizar estas tierras y a estos hombres, y bien creo que es cierto. En innumerables ocasiones nos hemos distinguido entre las otras féminas cubanas porque existe un no sé qué: extraña mezcla de orgullo, elegancia, belleza y exotismo.

Rubias, morenas, pelirrojas, pequeñas, altas como edificios, espigadas y otras no tanto, un completo mosaico que se resume en una sola palabra: holguinera. Y esa cualidad encantadora no solo es apreciada por los del sexo opuesto, las del mismo género, unas veces con buen ánimo de alagar y otras no tanto, lo reconocen.

Porque esos aires de “ínfulas” se nos sale por encima de las ropas, involuntariamente y a veces sin ningún permiso. Ocasionando a continuación toda clase de respuestas:

1. Que mujer tan bella (hombres admirados)

2. Ella no es de aquí (cuando se encuentra de visita en otras tierras)

3. Que se cree la…. (algunas “colegas del mismo género” a las que no les agrada la competencia)

Esencialmente este último ejemplo puede ocasionar males mayores. En todo caso y para bien o para mal, donde quiera que lleguemos se han de voltear las miradas.

La química que nos diferencia a todos es la que nos hace únicos e irrepetibles, exclusivos, extraordinarios y se manifiesta desde una campesina en la Punta de Maisí hasta la más agraciada del Cabo de San Antonio. Pero claro, si hemos de recorrer ese trayecto se hace obligatorio realizar un alto en mi Holguín, sus historias de ciudad y admirar al más bello de sus tesoros: “la mujer”.

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Desfile de modas en el invierno imposible cubano

Bate una brisa un poco más fresca de lo común y por las calles podemos ver un desfile de abrigos, chaquetas y cuanta prenda de vestir que sirva de cobija ante la eminente llegada del “invierno cubano”. Y no se trata realmente del advenimiento del tan añorado periodo, que se supone llegue en estos meses sino de una extraña, casi instintiva necesidad que tenemos los cubanos de fabular con los indudables beneficios del invierno.

Por estos días, ante un frente “más o menos” frío o ante alguna que otra hondonada tropical los armarios y la gente se vuelven locos, desempolvando las reliquias del pasado reciente o ya sea el más antiguo, como el abrigo que tuvo un mi primo y que le sirvió para más de cinco temporadas sin que se notara lo “tocolo”, como decimos en buen cubano, que le quedaba.

Exhibición exclusiva de lo real maravillo, y no el de Carpentier, sino el del más típico recurso de último momento que el de combinar el pantalón rayado con el cincuentiúnico suéter que te sirve para mitigar las bajas temperaturas.

Al final todo resulta una terrible exageración, como típico cubanismo, pues llegamos a mediados de Noviembre y en vez de inverno continuamos entre las altas temperaturas que caracterizan a esta isla caribeña.

Aún así, nos empeñamos en soñar con acostarnos sin sudar la gota gorda, con trabajar sin el sofocante calor de las oficinas y antes que esto, con encontrar alguna que otra pieza de vestir reciclada y casi nueva para comprarla. Entonces, con orgullo y sin calor, ver si participamos en este año por obra y gracia de la naturaleza, en el desfile de modas del invierno imposible cubano.

BSO/COM

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