P-A-P-I no son solo cuatro letras…

ImagenSiempre me he preguntado que sentiría si en mi niñez hubiese compartido cada instante con mi padre y no niego que, después de muchas lágrimas acabo por entender que la vida no es siempre como uno la quiere y menos como la pintan los cuentos de hadas.

Mi madre y mi padre rompieron relaciones bilaterales, como se diría en términos inter-gubernamentales, cuando yo tenía solo dos añitos y fue entonces cuando inició esta peripecia que conduce a quien soy hoy.

Desde Mayarí (el de Holguín o Abajo como también se le llama) vino mi madre cargando con nuestros bultos y su ventilador Aurica, artefacto ruso de probada resistencia a las cortinas, golpes extremos y a problemas de “descocotamiento” (generalmente solucionado con un alhambre) como lo definiera mi abuela Migdalia. La misma que nos acogió en su casa y aguantó penas, sudor y lágrimas con su hija recién divorciada y una niña pequeña en pleno Período Especial.

Para no desviarme del tema… después de la ruptura comenzaron las visitas de mi progenitor, inicialmente doble intencionada y en afán de Alejandro Magno en reconquista.  Fue hasta un día que, sin yo saber por qué, pasamos a la modalidad visita programada.

Después de la fatídica jornada no volvieron a llegar tan frecuentemente los cakes de la dulcería de al lado de la casa de abuela en Mayarí y las recurrentes visitas paternas se vieron distanciadas en el tiempo. Nada de esto quiere decir que mi papi sea un mal ejemplo, yo atribuyo todo a las furias juveniles y a los amores inconclusos, pero eso es otra historia.

Fue así que crecí entre Holguín y “ese valle florido” que tararea la canción, viajando en vacaciones para el este y conviviendo entre primos, historias y una penita que aunque imperceptible se sentía con más fuerza cuando en la escuela había reunión de padres, para mí: de madres. Aunque tampoco puedo negar que una brisa fresca soplaba en mi niñez por el afecto de dos familias numerosas y que a mi madre le sobraban las fuerzas para asumir ambos roles.

Por cosas del destino obtuve dos padres, el biológico y uno postizo “de los que ya no vienen” que fueron testigos de mi transito hasta hoy. Al primero le debo la vida, al otro el tamaño que tengo como decimos en buen cubano; pero entre los dos quedó una esquina vacía, de esas que solo se llenan con la sonrisa, la mano que acaricia el golpe, el cuento antes de dormir, el desvelo cuando se está enfermo o simplemente, cuando la niña deja serlo.

No sé que mosca o aedes aegyptis me habrá picado; será la cercanía del tercer domingo de junio que saca lágrimas a unos y sonrisas a otros lo que me despierta esa añoranza alegre-triste por aquellos años. Creo, la misma añoranza que palpita en mi pecho y lleva un nombre de 4 letras.

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¿Y si hubiese sido…?

ImagenLa pregunta se impone: Si hubiese sucedido, si no hubiese perdido tanto tiempo ¿serían las cosas como ahora? La mente retrocede a aquellos años mientras la incógnita continúa flotando en el aire. Los labios robados, las manos escondidas, los desengaños y las esperas.

Son cosas del destino, te repites porque no es posible que tantos incovenientes sucedan al mismo tiempo. Entonces ya han transcurrido uno, dos, tres años sin ver los rostros conocidos, unos más que otros y es cuando una voz te devuelve al presente. ¿Pensabas en mi?

Claro, pero también en la vi…  y antes de terminar la frase un beso te aterriza por completo. “Ya lo pasado, pasado” como diría el  cantante, ahora solo me resta vivir y claro, sin dejar de soñar en ocasiones hacer el futuro.

“A veces hueles a tierra mojada….”

ImageHoy me levanté contigo encarnado en el recuerdo y lo peor es que, por más doloroso que resulte, no quiero sacarte de ese sitio secreto donde tú y solo yo solo sabemos que estás.

Te respiro y en cada bocanada de este aire te siento, con ese inconfundible olor a tierra mojada, con esa humedad que me desborda y que me hace temblar de frío-calor. Ese eres tú… y hoy, te vuelvo a sentir.

Me volteo y no hay nadie pero te siento y tanto, tanto que revuelves mis esencias, las transformas y las haces tuyas. Y ahí sigue, persistente e imborrable tu olor a mañana, a rocío, a futuro indefinido que viene y va sin dueño alguno..

 Hoy me levanté y en la distancia, te volví a sentir. Entonces simplemente te dije: “a veces hueles a tierra mojada”.

 


51 años velando nuestros sueños: MININT

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“Me llamo Enrique soy bombero”, “Soy policía y mi nombre es Elena”, “Yo soy Jose y trabajo como guardabosques”.

Nombres y profesiones que engrosan las filas del Ministerio del Interior (MININT) en Holguín. Hombres y mujeres de bien que desde la patrulla, el laboratorio criminalista, la computadora o el cuerpo de bomberos defienden a toda hora su Revolución, que es decir el pueblo todo.

Este 6 de junio el MININT cumple 51 años de su creación y en la historia quedan plasmadas todas las conquistas que han contribuido a construir ese baluarte indestructible con que soñara el Comandante Guerrillero Sergio del Valle en aquel 1961.

No son dioses ni titanes, son cubanos como tú o yo, que conocen sus responsabilidades y que no cejan en su empeño de conservar lo alcanzado desde 1959.

Ellos sueñan, ríen y lloran sin dejar jamás de lado la premisa de responder cuando el deber los llama. Por eso, en este día, nada mejor que rendir homenaje en su aniversario 51 a todos los héroes anónimos, a esos que velan nuestros sueños.