Ushhhhhh: Silencios…

ImagenA veces callo, no por gusto, es que las palabras se me atoran en la garganta y no sé como sacarlas. A veces lloro y no sé la causa, es como si un torrente rompiera las barreras y arrasara con todo a su paso. A veces, a veces un silencio me circunda y entonces siento paz. Existen misterios que no merecen ser revelados y esas lágrimas, esos labios sellados y el silencio resultan perfectos cómplices para una noche cualquiera.

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Medicina para el alma

Imagen“Primero hay que tener la vocación, el amor, las ganas de ser médico, de lo demás se encarga la escuela y el tiempo” fue lo primero que me dijo mi madre cuando le propuse que optaría por la carrera de Medicina. Y es que no solo ella conoce que desempeñar la profesión significa entregar cuerpo y alma, que solo así se compensan las largas horas de estudio y la inevitable responsabilidad que vienen junto a esa bata de color blanco.

Cuba es sin dudas un paradigma de la salud y sus logros bien lo evidencian y sin dudas, tales logros son el resultado de la labor de miles de hombres y mujeres que han pedido sus nombres para ser en el trabajo, en la calle, en la propia casa: Doctores. Esos cubanos, la mayoría de a pie, son los que padecen, aman, sufren y aprenden a reponerse ante el dolor de observar a un niño muy enfermo, al joven que ha perdido a su esposa porque ante todo se saben profesionales.

Son los mismos que se levantan a diario, “luchan” con el transporte, superan las limitaciones materiales y dejan en casa los problemas para recibirnos con una sonrisa en rostro, la mejor medicina, el complemento ideal para acompañar a la curación física.

Conozco a excelentes médicos y me aseguran que con las malas noches también llegan las experiencias incomparables de ayudar a traer una nueva criatura al mundo, la de salvar una vida cuando se pensaba que no había esperanzas o simplemente, la de no poder hacer más por evitar la muerte de un paciente y recibir el abrazo húmedo por las lágrimas de los familiares: “Gracias doctor, hizo todo lo posible”. Para ellos no existe mejor retribución.

No existe pago, ni palabras y un día no resulta suficiente para agradecer la labor de esos rostros que transitan entre la multitud y que ocupan un lugar imprescindible en la sociedad. Por su paso firme por el camino del sacrificio, por la entrega sin límites y el amor desinteresado, la más pura medicina para el alma: gracias doctor.