Género y Familia: dos temas para dialogar

Fto: Luis Ernesto Ruiz Mtnez
Doctora en Ciencias Patricia Arés impartiendo la conferencia “La familia cubana: retos para la intervención”

El 12 Taller Científico Nacional “Hacia la equidad de género y la educación familiar” sesionó este viernes y sábado en la Universidad de Ciencias Pedagógicas de Holguín con la participación de investigadores de La Habana, Matanzas, Camaguey y las provincias orientales.

La primera jornada se caracterizó por las conferencias impartidas por personalidades de nuestro país entre ellos las Doctoras en Ciencias Patricia Arés y Mayda Álvarez, Presidenta de la Asociación de Psicólogos de Cuba y directora del Centro de Estudios de la Mujer de la Federación de Mujeres Cubanas respectivamente.

Fto: Luis Ernesto Ruiz Mtnez
Participantes en el 12 Taller Científico Nacional “Hacia la equidad de género y la educación familiar”

“La familia cubana: retos para la intervención”, “La salud de hombres y mujeres en Cuba, sus patrones de mortalidad y morbilidad y las determinantes de género que influyen en la manera en que influyen en estos temas” así como “Las políticas de familia en Cuba: desafíos frente a la actualización del modelo económico y social” fueron algunos de los tópicos abordados.

Por su parte este sábado tuvo lugar una mesa redonda y la presentación de los más de 140 trabajos inscritos en el evento que tuvo como peculiaridad la realización conjunta del Primer Encuentro de “Orientación en procesos educacionales, la enseñanza de la pedagogía, la psicología y la formación de psicopedagogos.
(Agradecemos las fotos de Luis Ernesto Ruiz Martínez)

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Septiembre: torrente de nostalgia

Este septiembre me huele a nostalgia. Parece mentira que hayan transcurrido dos años desde que dejé la tierra caliente, las camionetas “apretaíta pero ralajá” y ese “lo tengo todo” que sazona a Santiago de Cuba.

Ya hace dos años que regresé a mi terruño y reconozco que después de cinco lustros fuera, todo me sabe diferente. Nunca había reparado en que verdaderamente los holguineros “nos creemos cosas” como me diría en muchas ocasiones un buen amigo o que sin dudas, por esta zona norte oriental abundan algunos de los más bellos especímenes de mi sexo y del contrario, aunque estos últimos se crean narcisos de ciudad. Claro que desde entonces comencé a mirar como si tuviera nuevos lentes y no tuve más remedio que  aclimatarme nuevamente a esta tierra pródiga y bienhechora, con una melancolía medio tonta y nuevos bríos para vivir.

Será por eso, la distancia y los amores compartidos entre ambas ciudades, que cada septiembre se me revuelve en el alma y hace renacer viejos sentimientos, de esos que se escabullen entre arterias coronarias durante el resto del año.

A mi mente regresan los primeros viajes en los veloces camiones de Caballería a Santiago, ruta habitual de los domingos, o las mochilas repletas y pesadas a más no poder (especialmente la mía donde se podía encontrar hasta un avión pues mantenía la creencia de que es mejor que sobre a que falte algo).

Después siento el “aroma” al calamar o al pollo ocasional del comedor de estudiantes, el que nos salvaba, luego de varios días de las torturas culinarias de las “tías santiagueras” y luego, como por arte de magia, mis oídos escuchan cualquiera de los temas clásicos de entonces. Cómo olvidar “el búgutu cupácata” que causó sensación entre el público de la zona y que hacía mover todo el esqueleto al menos diestro o el romántico “Era mi aire” de Buena Fé que sacaba suspiros y lágrimas al más duro.

También recuerdo el primer amor de beca. Esos de los que nunca se te olvidan después de tantas noches en vela, de reencuentros, desamores y olvidos momentáneos. Amores que te hacía cruzar azoteas, chantajear porteros y trepar a los tejados para pasar la noche y descubrir juntos el amanecer. Las fiestas, las “descargas” bajo la luna con solo una guitarra y la voz rajada por el alcohol… Entonces una mano escondida que se desliza por el suelo y te toca.

Quien dice que todo está perdido, yo vengo a ofrecer mi corazón tararea al fondo la canción y por otro lado unos bailan casino al ritmo imaginario de  los Van Van o la Charanga Habanera.

Pero la universidad es mucho más que clases, placeres, amigos, es allí donde aprendes a ser tú, a valerte y a encontrar tu esencia. Puede que hayas maldecido por el hambre, los celos, la tristeza sin embargo volviste a reír y mucho más fuerte, cuando después de la pelea con tu compañero de cuarto todos compartieron el único huevo para el arroz con revoltillo, el salvador de las madrugadas llenas de estudios.

Cuando comienza ese noveno mes del año los ojos se llenan de lágrimas y es cuando te da por ver las viejas fotos, por llamar a los amigos y cantar a solas una melodía que retumba en la cabeza.

Y es que la vida es así, no se detiene por nada ni por nadie. Ya serán otros los que en estos días suban por primera vez la escalinata de Quintero, coman pan con pasta untable  y comiencen a tejer su propia historia; tan igual y diferente de la nuestra que tal vez puedan ser motivo, en venideros septiembres, de unas líneas como éstas.